martes

Me gusta cuando callas...

Podemos enseñarnos de todas las maneras habidas por haber a entender,a aceptar,que no hay una mente igual ni en un millón de galaxias.Podemos respetar que no todos reaccionamos igual.Pero somos humanos, somos susceptibles.

Tenemos un defecto, y es el de jactarnos.Agradecemos a gritos la libre exprecion, pero nos olvidamos de ello cuando reclamamos maneras ajenas hacia para con nosotros.¿Con que derecho uno se apodera del derecho de elegir como deben los demás tratarnos?.Podemos esperar que nos traten como hemos tratado.Pero seria igual de molesto, por que pondríamos en el otro la obligación,el denso peso de la gratitud.Y ese,es un verdadero peso.

La mayoría de las veces cuando algo no cuadra en mis rangos de aceptación,procuro hacerlo saber buscando evitar emplear el dedo acosador.
Por que si bien hay maneras y hay maneras.No podemos esperar que todo el mundo sepa como actuar ante nuestra existencia, digo de repente, tendríamos que tenes una capacidad de comprencion infinita.Lista para adaptarse frente a cualquier persona y así evitar despertar su respectiva susceptibilidad.¿Como evitar ser lo que al otro le hiere, cuando esta tan en nosotros?

Esperar que alguien se limite a hacer/decir frente nuestro es pretender que deje su naturaleza en nombre de nuestra comodidad.Cuando tranquilamente la otra parte podría de igual manera exigirnos que olvidemos nuestra tranquilidad para el disfrutar de su comodidad.Entonces es un cuento de nunca acabar en el que estamos constantemente midiendo los actos ajenos,pero al mismo tiempo jactando nos de convivir en un espacio y tiempo de libre exprecion!
Es eso verdaderamente contradictorio.Algo que merodea en mi cabeza como mosquito molesto una noche de verano.

Somos un racimo de gatas floras!, una contradicción constante señores.